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SGI Soka Gakkai International

 

Superar las desigualdades de las vacunas y facilitar la recuperación de los estados pequeños tras la COVID-19

Punto de vista de P. I. Gomes*

PUERTO DE ESPAÑA, Trinidad y Tobago (IDN) – Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), puede entenderse fácilmente que el «catastrófico fracaso moral» hacia el que se aboca el mundo, según el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Dr. Tedros Ghebreyesus, tiene su base ideológica en el insensible principio de «los beneficios antes que las personas para optimizar la rentabilidad de los accionistas».

Nuestro mundo del siglo XXI de desigualdad cada vez mayor no tiene por qué parecer tan «catastrófico». Su origen radica en la práctica que históricamente han dominado las grandes empresas farmacéuticas multinacionales de ofrecer productos muy investigados, supuestamente, para mejorar/salvar la vida de las plantas, los animales o los seres humanos.

Esa tajante condena del director general de la OMS dirigida al Consejo Ejecutivo del organismo especializado de las Naciones Unidas, ilustra una vez más el sombrío espectáculo de la desigualdad a gran escala y estructurada en la distribución y administración de las vacunas para la inmunización contra la pandemia de la COVID-19.

Para ilustrar la magnitud de la inequidad, Euronews informó (18 de enero) sobre las declaraciones del director general de la OMS, el Dr. Tedros, de que mientras se han administrado más de 39 millones de dosis de vacunas en al menos «49 países de renta alta», solo se han administrado 25 dosis en «un país de renta baja».

Al reconocer estos datos, se entiende el lenguaje contundente del director general, según el cual «el mundo está al borde de un fracaso moral catastrófico, y el precio de este fracaso se pagará con vidas y medios de subsistencia en los países más pobres del mundo».

La historia reciente de los lamentables errores que se cometieron en el tratamiento de las pandemias de VIH y H1N1 confirma que algunos países y empresas farmacéuticas dieron prioridad a los «acuerdos bilaterales» que hicieron que los precios de los medicamentos necesarios aumentaran por encima del alcance de muchos países pobres.

El acceso restringido a las vacunas por parte de los estados pequeños y pobres no es simplemente otro «fracaso moral», sino el resultado trágico de un patrón de injusticia sistémica entre ricos y pobres, que subyace a la distribución desigual de la riqueza, la tecnología y los bienes globales del mundo.

Esto no debería sorprender a quienes recuerdan las experiencias históricas de los años 70 y 80 de las multinacionales, conocidas por los superbeneficios de los productos farmacéuticos y agroquímicos con efectos secundarios tóxicos para los agricultores, los trabajadores agrícolas y los núcleos rurales de los países en desarrollo de África y América Latina.

Los productos químicos para el control de las malas hierbas o los escándalos de las altas tasas de mortalidad infantil debidas a la promoción agresiva de alimentos infantiles en circunstancias sin las debidas instrucciones de uso y la falta de agua y saneamiento adecuados. Las ganancias de las ventas de productos para bebés importan más que la educación en salud pública y la seguridad alimentaria.

Llamamiento del secretario general de la ONU y convocatoria de la Cumbre de la CARICOM

El secretario general de la ONU, António Guterres, calificó de «hito desgarrador» la cifra de dos millones de muertos por la pandemia de la COVID-19, que demuestra claramente «la ausencia de coordinación mundial». El secretario general considera que este «déficit» de coordinación requiere «una solidaridad mucho mayor» a nivel mundial.

En efecto, es algo muy deseable que debe fomentarse, pero está muy lejos de solucionar la desigualdad sistémica en el acceso y la distribución de lo que debe tratarse como un bien público, para superar la crisis mundial de 97 millones de personas infectadas y más de 2 millones de muertes.

Desde una perspectiva multilateral, la Reunión Especial de Emergencia de los Jefes de Gobierno de la Comunidad del Caribe (CARICOM) del 12 de enero de 2021 ha propuesto que se convoque una cumbre mundial para abordar el acceso y distribución equitativa de las vacunas para combatir la pandemia de la COVID-19.

Se trata de una iniciativa encomiable y es de esperar que reciba el apoyo generalizado necesario. Por ejemplo, la Reunión de Jefes de Gobierno de la Commonwealth (CHOGM) del 21 de junio de 2021, que se pospuso el año pasado debido a la COVID-19, bien podría ser testigo de un tema de la agenda sobre la pandemia y generar un debate intenso y una acción decidida para abordar la desigualdad de las vacunas dentro de una estrategia de recuperación tras la COVID-19.

De manera similar, se espera que el Grupo de los 77 y China reconozcan el mérito de la iniciativa CARICOM y movilicen el apoyo de sus 134 países en desarrollo. Un evento de este tipo puede incluir una agenda para un profundo interrogatorio de lo que tan oportunamente se engloba bajo el concepto de «bienes públicos mundiales».

Si alguna vez ese concepto necesitó que se demostrara su aplicabilidad concreta en la práctica, en beneficio de toda la humanidad, ha llegado el momento. Ante la devastadora pérdida de vidas en el mundo, sin tener en cuenta las fronteras nacionales, pero con un trato duramente discriminatorio hacia «los más necesitados» entre los ancianos y de los países pobres, el acceso predominante a las vacunas lo tienen los países desarrollados, que pueden permitirse pagar y garantizar las dosis para sus poblaciones.

Para abordar en parte una distribución equitativa y permitir el acceso universal al conocimiento, la producción y la distribución de las vacunas reguladas por la OMS, el dispositivo COVAX pretende proporcionar un 20 % de suministro garantizado de dosis a todos los países. Sin embargo, esta situación sigue obligando a los países a participar en la lucha competitiva para asegurarse el suministro de las multinacionales o mediante acuerdos gubernamentales bilaterales con los países fabricantes, como Rusia o India.

Es manifiesto que las grandes cuestiones políticas y organizativas necesitan un discurso multilateral serio y la práctica de la «solidaridad mundial», de la que habló el secretario general Guterres. Sin ello, persistirá la desigualdad sistémica que caracteriza cada vez más las relaciones de gobierno, empresas y sociedad. Esto volverá a presenciar el predominio de los «beneficios antes que las personas» y las muertes por la COVID-19 continuará.

Con suerte, se vacunará a varias poblaciones, pero hay que tener en cuenta que «¡ninguna está a salvo hasta que todas estén a salvo!». [IDN-InDepthNews, 23 de enero de 2021]

*El autor, el Dr. Patrick I Gomes, fue secretario general del Grupo de Estados de África, el Caribe y el Pacífico (ACP) por cinco años, hasta el 29 de febrero de 2020. El organismo interregional de 79 naciones se convirtió de manera oficial en la Organización de Estados de África, el Caribe y el Pacífico (OACPS) el 5 de abril de 2020. Previamente, el Dr. Gomes había sido embajador de la República de Guyana ante la UE en Bruselas.

Crédito de las imágenes: OMS/NK Acquah

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